Las ciudades en el siglo XX

La polémica sobre las ciudades, ligada a la sostenibilidad urbana, enfrenta a los dos modelos históricos: el extensivo (ciudad jardín) y el intensivo (edificación en altura). El artículo recorre la historia de las ciudades en el siglo XX con sus luces y sombras: el crecimiento y las herramientas de que disponen las administraciones para la ordenación urbanística.

 
Autor: ANTONIO PUERTA LÓPEZ-CÓZAR
Publicado en: Informe España 2003, FUNDACIÓN ENCUENTRO, Madrid  (ISBN: 84-89019-16-9)
  1992, La Ville Radieuse, Le Corbusier

 

 

 

 

"Las propuestas más radicales de Le Corbusier se recogen en la llamada Ville Radieuse, una especie de ciudad teórica que se fue concretando en numerosas propuestas posteriores como el plan Voisin para París, el plan Obus para Argel, o Chandigarh"

 

A comienzos del siglo XX, en Letchworth (Inglaterra) se hace realidad un nuevo modelo de ciudad: la ciudad-jardín, que rompe el antagonismo entre el campo y la ciudad con una propuesta alternativa a los problemas urbanos surgidos de la revolución industrial. Las ciudades-jardín son un modelo de urbanismo autosuficiente que mediante cinturones verdes o zonas agrícolas hacen frente a la saturación urbana. Hasta los años veinte se va implantando sucesivamente en Dresde (Alemania), Essonne (Francia) y Bélgica. En España, Arturo Soria propone en 1894 un proyecto de ciudad lineal próximo al modelo urbano de ciudad-jardín, que se lleva a cabo en Madrid. También se ensayan modelos de ciudad en otra dirección, como las ciudades industriales de Tony Garnier o las Siedlungen alemanas.

Mientras la Alemania nazi reconstruía sus ciudades con un estilo clásico y monumental, el movimiento moderno se iba inclinando hacia una nueva planificación urbana, adecuada a los condicionamientos de la vida moderna. Durante el periodo de entreguerras, Le Corbusier llevó a cabo una serie de anteproyectos para la ciudad moderna ideal, dividida en diversas zonas dedicadas a diferentes actividades sociales. La idea era liberar el territorio, construyendo una ciudad en bloques de cierta altura ubicados en grandes espacios libres y conectados por grandes vías. Según esta ordenación, las personas vivirían en rascacielos residenciales separados entre sí por extensas zonas verdes. Estos diseños culminaron en 1933 con la Carta de Atenas, promulgada por los CIAM. En ella se estableció definitivamente el concepto de zonificación, basado en la diferenciación y separación de sectores urbanos en relación a las distintas funciones básicas del hombre: habitar, trabajar, descansar y circular. Las propuestas más radicales de Le Corbusier se recogen en la llamada Ville Radieuse, una especie de ciudad teórica que se fue concretando en numerosas propuestas posteriores como el plan Voisin para París, el plan Obus para Argel, o Chandigarh.

Después de la II Guerra Mundial se abandona el modelo de ciudad-jardín en favor de los principios funcionales expuestos en la Carta de Atenas. El urbanismo cobra una especial importancia y se llevan a cabo importantes reconstrucciones urbanas en ciudades como Rotterdam o Hamburgo. En 1947, Gran Bretaña aprueba la Ley de Planificación Urbana, con la que se ponen las bases de la necesaria ordenación de las ciudades, muchas de ellas destrozadas por la guerra. Es Le Corbusier finalmente el que revoluciona el concepto de ciudad con la construcción de la unité d'habitation en Marsella (1947-1952). Se trata de un edificio de viviendas de enormes proporciones, coronado por una terraza ajardinada y habitable, que dio lugar al bloque de viviendas actual. Este edificio proponía un nuevo modelo de ciudad en vertical en contraposición al de ciudad expandida que propugnaba la ciudad-jardín de principios de siglo. Esta tipología edificatoria concentrada sirvió de inspiración a muchos arquitectos posteriores, preocupados también por el tema del espacio y la alta densidad de ocupación de las viviendas. En Europa, entre 1950 y 1960, van apareciendo nuevos modelos de ciudad en la periferia o en las afueras de las grandes urbes, que fomentan la construcción de nuevas ciudades en otros lugares del mundo como Brasilia (en Brasil) o Ashdod, en Israel.

 
1947-1952, La unité d'habitation, Le Corbusier, Marsella (Francia)

La dimensión y crecimiento de las ciudades

Las ciudades inician un proceso de expansión, aparecen los ensanches y los planes de crecimiento urbano. En torno a la ciudad se produce el progreso económico, la industria y los negocios, se sitúan los hospitales, las instituciones políticas, sociales y culturales. El influjo de la universidad en la ciudad es de gran importancia. Los nudos de comunicaciones tienen como centro las ciudades. Aparecen entonces nuevos modelos basados en variantes entre la ciudad-jardín y los bloques en altura. El Plan Cerdá, desarrollado en Barcelona desde 1859, se caracteriza por favorecer el movimiento y la comunicación por medio de un trazado en cuadrícula con calles de veinte metros de anchura con amplios chaflanes en las intersecciones. Esta tipología suprime la calle interior, la rue corridor, defendida por Le Corbusier y otros urbanistas contemporáneos. Las manzanas se estructuran como núcleos vecinales aglutinados alrededor de un pequeño centro cívico y con zonas ajardinadas en el interior. Igualmente, Secundino Zuazo en Madrid estudió nuevas tipologías edificatorias para afrontar el crecimiento urbano. Mostró un gran interés por la vivienda colectiva, en busca de condiciones más higiénicas en las edificaciones de manzana cerrada.

 

A partir de 1968 aparece el urbanismo moderno con una concepción más amplia que incluye aspectos sociales, económicos y políticos en la planificación de las ciudades. Las ciudades son un entramado complejo que articulan no sólo las zonas residenciales sino los servicios públicos, equipamientos, industrias, oficinas, comercios y espacios verdes. Además es necesario dotarlas de infraestructuras para que sean competitivas y se produzca el desarrollo económico. El urbanismo debe ir incorporando cada vez más una densa carga de necesidades que afectan a las poblaciones de las ciudades: ordenación del tráfico, servicios sociales, espacios de ocio..., etc. Todo esto requiere la elaboración de programas de desarrollo económico y de vivienda con la adopción de medidas financieras y la participación ciudadana. Se habla entonces de una figura más amplia que es la Ordenación del territorio.

Los Planes Generales de Ordenación Urbana (P.G.O.U.) son el instrumento fundamental del urbanismo actual. Son el resultado de complejos análisis de las características sociales, económicas y físicas que tienen en cuenta el crecimiento de la población, la industria y los negocios, la necesidad de esparcimiento y los equipamientos necesarios para la expansión de la urbe. A la vez que, examina coyunturas y problemas especiales que presenta la ciudad y establece los objetivos del desarrollo en coordinación con las infraestructuras, el tiempo y la financiación pública.

Posteriormente las ciudades han seguido un proceso de concentración y compactación en torno a sus periferias, hasta que en los años noventa se ha visto la necesidad de descentralizar a base de urbanizaciones a las afueras o con la construcción de ciudades dormitorio. Las discusiones en torno a las excelencias o desventajas de los dos modelos de ciudad: el de ciudad-jardín (extensión), y el propuesto por Le Corbusier en altura (concentrado), se mantiene vivo, pues nadie duda de que los modelos históricos no sirven para solucionar los problemas extremadamente complejos de las ciudades actuales.

 

"Se empobrece la identidad y la singularidad de las ciudades, especialmente en aquellas donde no existe un núcleo histórico fuerte o unas condiciones topográficas especiales."

 

La expansión de la ciudad y la globalización

En los modelos de ciudad no siempre se ha tenido en cuenta el tamaño que podían alcanzar. Hay ciudades como Madrid que a partir de 1986 empieza un proceso lento, pero continuo, de descenso de su población. El modelo de ciudad, a veces no resiste esa escala de población, y se acaba produciendo la dispersión o la segregación hacia zonas cercanas a las vías principales de comunicación. Posteriormente, a través de actuaciones urbanísticas promovidas por las administraciones públicas, o la iniciativa privada, se van colmatando los espacios urbanos intersticiales entre los ejes principales de comunicación, se ensayan nuevas tipologías de viviendas, pero no existe ninguna propuesta o modelo que asuma una población en crecimiento. Por lo tanto, se sigue haciendo el mismo urbanismo con actuaciones zonales, aisladas y sin enmarcar dentro de una actuación a gran escala.
El efecto globalizador va estandarizando el modelo de ciudad y las tipologías edificatorias. Se repite el modelo alentado por la emulación de las grandes ciudades con independencia del lugar, el contexto histórico y social. El modo de crecer la ciudad y los edificios parecen traídos de una gran fábrica con producción en cadena. Se empobrece la identidad y la singularidad de las ciudades, especialmente en aquellas donde no existe un núcleo histórico fuerte o unas condiciones topográficas especiales.

 
 El antiguo pueblo de Vallecas (Madrid)

 

"Es muy significativo lo de Vallecas que se resiste a perder su identidad de pueblo para  ser un barrio de la ciudad sin ninguna personalidad. La gente quiere mantener sus costumbres, sacar las sillas a las puertas de sus casas y convertir la calle en una prolongación de su sala de estar" 

Continuos y discontinuos urbanos: los límites de la ciudad

La ciudad se extiende como un gran tejido urbano urdido por los ejes de comunicación. El viario provoca una gran trama continua que ordena y extiende la urbanización, con manzanas edificadas en su interior, fagocitando pueblos o núcleos residenciales originariamente en la periferia. A su paso homogeneizador todo se viste del mismo tejido racionalista. La ciudad se convierte en un gran continuum donde los discontinuos urbanos tarde o temprano acaban cediendo a la presión urbanizadora. Los límites de la ciudad se diluyen, se confunden y se producen resistencias. Es muy significativo el caso de Vallecas en Madrid que se resiste a perder su identidad de pueblo para pasar a ser un barrio más de la ciudad sin ninguna personalidad. La gente quiere mantener sus costumbres, quiere sacar las sillas a las puertas de sus casas terreras y convertir la calle en una prolongación de su sala de estar. Saben que esa comunicación vecinal, que ese apoderamiento de la calle lo pierden: los coches y la urbanización tintará todo del mismo color. La homogeneización avanza justificada por razones económicas y los «anillos verdes» o los elementos que darían una mayor singularidad a la ciudad son desechados como utopías irrealizables desde el punto de vista de la rentabilidad económica. La zonificación se radicaliza y encasilla los distintos usos separando la industria y las oficinas de las zonas residenciales, lo que ocasiona multitud de movimientos en la cuadrícula viaria.

La ordenación de la ciudad por esa senda febril urbanizadora, junto con la especulación del suelo sin edificar, acaba conformando urbes concentradas, homogéneas y colmatadas. De ahí, que aparecieran las llamadas new towns o «ciudades-dormitorio», ciudades satélite que han adoptado la función de lugar de residencia para las personas que trabajan en la metrópoli, y a la que se desplazan de forma regular. Han proliferado en el mundo desarrollado y en los países en vías de desarrollo, sobre todo a medida que el precio del suelo residencial edificable se disparaba en las grandes urbes. Es la reproducción del mismo modelo de ciudad a pequeña escala en busca de la descentralización y la desconcentración. Muchas de estas ciudades con el tiempo han acabado siendo barrios de la gran ciudad.

 1942, Nuevos Ministerios, Secundino Zuazo, Madrid.
    

"Los Nuevos Ministerios de Zuazo potenciaron el Paseo de la Castellana que ha continuado siendo el gran eje de expansión hacia el Norte"

Las grandes ciudades

El proceso de crecimiento de las grandes ciudades ha sido muy parecido dependiendo del factor espacio-tiempo, de las condiciones geográficas singulares del lugar de asentamiento y del desarrollo económico. A partir de los años noventa gracias a acontecimientos especiales de repercusión internacional, operaciones importantes de infraestructuras o planes estratégicos de reconversión de zonas deterioradas, los núcleos urbanos de mayor población en España han experimentado cambios muy significativos.

Madrid, donde a principios del siglo XX surgieron los primeros barrios relativamente alejados del centro: Moncloa, Ciudad Lineal y Tetuán, ahora es un conglomerado de barrios que han superado extensamente la construcción del tercer cinturón: la M-30. Los Nuevos Ministerios de Zuazo potenciaron el Paseo de la Castellana que ha continuado siendo el gran eje de expansión hacia el Norte. La Operación Chamartín responde a ese mismo desplazamiento del centro hacia el norte y consiste en soterrar las vías del tren y prolongar la Castellana hasta el nuevo cinturón de la M-40.

Actualmente la ciudad sigue creciendo, sobre todo hacia el norte, aunque también progresa el oeste y el sur, lo que ha hecho necesaria la construcción de dos nuevos cinturones, la M-45 y la M-50, aún inconclusas, que supone la delimitación de un nuevo perímetro urbano. La estructura de crecimiento a base de anillos ya se ha experimentado que consigue ir concentrando y comprimiendo más lo urbanizado, pues tiende a ir colmatando los espacios residuales entre anillos. Esto produce una mayor presión sobre el centro de la ciudad y por lo tanto un mayor colapso de entrada al núcleo central. El efecto de crecimiento es expansivo y en los últimos treinta años Madrid ha duplicado la superficie urbanizada.

  

 1859, Plan Cerdá, Barcelona

"El Plan Cerdá, desarrollado en Barcelona desde 1859, se caracteriza por favorecer el movimiento y la comunicación por medio de un trazado en cuadrícula con calles de veinte metros de anchura con amplios chaflanes en las intersecciones"

En Barcelona, desde el Plan Cerdá, con un trazado hipodámico a partir de 1859, fecha en la que se derriban las murallas, se produce una de las grandes expansiones de la ciudad, rematada a finales del XIX con la anexión a Barcelona de los municipios periféricos como parte de su ensanche. Otra expansión de la ciudad coincide con la última explosión demográfica y se sitúa en la década de 1950. Finalmente, las remodelaciones y la construcción de la Villa Olímpica a finales de la década de 1980 y principios de 1990 marcaron, la forma actual de la ciudad. Los Juegos Olímpicos de 1992 propiciaron una reflexión sobre el modelo de ciudad, a partir de ahí, la ciudad se abrió al Mar, con la prolongación de la Diagonal y la reconversión de las zonas portuarias que cambiaron la imagen de la ciudad.

En Sevilla, a lo largo del siglo XX, se produjo algo parecido gracias a dos exposiciones internacionales: la primera, la Exposición Iberoamericana de 1929, que favoreció un primer ensanche urbanístico; la segunda, la Exposición Universal de 1992. Esta última, además de integrar a la ciudad la isla de la Cartuja, conllevó una mejora urbanística y, fundamentalmente el estudio y la mejora de la red de accesos a la ciudad, tanto por carretera como por ferrocarril, que hizo posible la inauguración del funcionamiento del AVE en España. Los edificios construidos y su reutilización posterior está siendo un proceso lento y con menores resultados de los esperados, quizá por una gestión y planeamiento deficiente.

Otras ciudades españolas como Valencia, que inicia su transformación en las primeras décadas del siglo XX con la construcción del paseo del Mar o avenida Blasco Ibáñez, y una nueva zona residencial y universitaria a partir de la década de 1960, se planteó desviar el cauce del Turia ―tras la riada de 1957― por fuera de la ciudad. El Plan Sur de desviación de la trayectoria del río, muy discutible en algunos aspectos, consiguió que el viejo cauce se convirtiera, a partir de 1981, en un ambicioso proyecto medio-ambiental, deportivo y cultural, que culminó con la Ciudad de las Ciencias y de las Artes, hoy uno de los grandes «pulmones» de la ciudad. La reciente noticia de la Copa de América traerá sin duda la posibilidad de dotar a la ciudad de una mejora sustancial en su apertura al mar.

 
 2000, Museo Guggenheim, Frank Gehry, Bilbao

También en Bilbao, con la construcción del Museo Guggenheim a orillas de la ría del Nervión se inicia un amplio proyecto de remodelación urbana: Bilbao 2000, que consiste en proporcionar una nueva imagen de ciudad moderna a la capital vizcaína con la construcción del denominado Superpuerto de Bilbao y la reconversión de la zona industrial de la ría. Este tipo de actuaciones urbanísticas hacen necesario la construcción de edificios-símbolo que abanderen la nueva cara de la transformación urbana.

Hoy, algunas grandes ciudades, han llegado a tener unas dimensiones que prácticamente se hacen incontrolables si no fuera por los medios de comunicación actuales. Son ciudades formadas por fragmentos de ciudad, donde es difícil tener una visión integral de su totalidad. De esta forma, el crecimiento se hace ilimitado y consiste en ir añadiendo más fragmentos de ciudad a la ciudad. Las personas están unidas a la ciudad por una serie de referencias psicológicas o afectivas al lugar donde han vivido, que dan una cierta estabilidad, pero eso no implica calidad de vida, ni que la ciudad actual sea el mejor modo de vida. Este proceso de expansión que radica en añadir nuevos fragmentos a la ciudad ―barrios o urbanizaciones― constituye una auténtica fabricación en cadena, una ciudad a base de piezas seriadas. Necesariamente todos los agentes que intervienen en el desarrollo de la ciudad: urbanistas, arquitectos, constructores, etc., forman parte de ese engranaje de producción, del que se obtiene un producto preparado para el consumo y con los ingredientes exactos para asegurar los resultados económicos. El factor económico y el planeamiento urbanístico producen una especie de alfombra urbana continua y homogénea. Sólo con operaciones especiales estratégicas o empresariales, o con un artista fulgurante de la arquitectura se puede sobresalir al fondo gris de la maquinaria de fabricación de ciudades.

"El origen primigenio de los asentamientos urbanos fueron la necesidad de abastecimiento de agua o a las condiciones defensivas, rutas comerciales, la comunicación marítima o terrestre, el clima, etc. Posteriormente se tuvieron en cuenta otros factores como la estrategia política, el paisaje, el aprovechamiento económico, el turismo, etc.; pero todos ellos están ligados al territorio, al «genio» del lugar"

 

 

La ciudad, lugar, contexto e identidad propia

El origen primigenio de los asentamientos urbanos se debía principalmente a algunos condicionamientos de tipo funcional relacionados con el hábitat, como la necesidad de abastecimiento de agua o a las condiciones defensivas, rutas comerciales, la comunicación marítima o terrestre, el clima, etc. Posteriormente se tuvieron en cuenta otros factores como la estrategia política, el paisaje, el aprovechamiento económico, el turismo, etc.; pero todos ellos están ligados al territorio, al «genio» del lugar. Este conjunto de factores proporcionan una identidad singular a cada ciudad, que se refuerza con la tipología edificatoria, ligada a su vez a los oficios constructivos de la zona, a las condiciones socio-económicas de sus habitantes, al clima, etc. En innumerables casos, deviene en ciudades o pueblos con personalidad propia y con enorme belleza, pues no son inmunes al contexto, mas bien están fundidos o en contraste perfecto con lo que les rodea. El crecimiento de esas urbes en su inicio era natural y obedecía a acuerdos tácitos entre vecinos, a la topografía, al entorno; se respetaban servidumbres de paso, de vistas, de soleamiento, etc. La colectividad ejercía un control social sobre las nuevas edificaciones.

La planificación del desarrollo de las ciudades es algo que irrumpe con el aumento poblacional desmesurado que trajo la revolución industrial, y substancialmente, con la inclusión del tráfico rodado dentro de las urbes. Desde entonces se ha ido ganando en previsión, en infraestructuras, en accesibilidad, en posibilidad de comunicación, etc. Nadie duda de los beneficios de la planificación urbanística, pero actualmente el debate se centra en los efectos colaterales que ha traído el abuso de planificación en algunos casos, el intervencionismo excesivo del Estado en los planes de ordenación urbana o, la especulación centrada en las expectativas del valor del suelo. En el seno de ese debate se reivindica principalmente las siguientes cuestiones:

1. El coste excesivo de la vivienda debido al valor del suelo.
2. La falta de transparencia en la gestión de las Administraciones locales.
3. La ausencia de participación ciudadana en la planificación urbana.
4. La pérdida de identidad de las ciudades.
5. La baja calidad de vida en las grandes urbes.

 

"Nadie duda de los beneficios de la planificación urbanística, pero actualmente el debate se centra en los efectos colaterales que ha traído el abuso de planificación en algunos casos, el intervencionismo excesivo del Estado en los planes de ordenación urbana o, la especulación centrada en las expectativas del valor del suelo."

Incidencia de las Administraciones Públicas en la planificación y desarrollo de las ciudades

Actualmente la incidencia de las Administraciones Públicas en la planificación y desarrollo de las ciudades es muy notoria, especialmente las Locales, debido a que constituye la fuente principal de ingresos de los Ayuntamientos. Tal y como está concebido el Urbanismo en España deja en manos de políticos y funcionarios el poder de decidir, no sólo sobre el valor del suelo, que de la noche a la mañana un terreno agrícola pase a convertirse en suelo urbano ―lo que significa multiplicar su valor astronómicamente―, sino que directamente está decidiendo sobre el modelo de ciudad y el modo de vida que deben adoptar los ciudadanos.

En Madrid, es conocido el caso del edificio de viviendas sociales de la M-30, del arquitecto, ya fallecido, Francisco Javier Saénz de Oíza. Ese bloque de viviendas, que finalmente acabó acogiendo a gitanos y a población marginal de la periferia de la ciudad, levantó una gran polémica social, y se le llamó de un modo castizo: la cárcel de la M-30. Todas las críticas fueron para el edificio, por otra parte de gran calidad espacial, pero casi nadie cayó en la cuenta de que esa construcción plasmaba los parámetros edificatorios contenidos en el Plan General: el uso, la tipología edificatoria, el número de plantas, edificabilidad, etc. No parece, ahora que han pasado los años, que fuera muy acertada esa edificación concentrada prevista en el Plan, con el ruido de la M-30 y con la intención de facilitar la vivienda a un colectivo marginal con problemas sociales.

La normativa existente y el intervencionismo del Estado puede ser tan beneficioso como dañino, el exceso legislativo ahoga el pulso vital de crecimiento y las necesidades de la población. Al ser una «maquinaria pesada» posee una gran inercia con respecto a modelos, tipologías y formas de vida, que en su día se previeron como los más convenientes. Así podemos comprobar como se repite incansablemente el mismo urbanismo con independencia de que la actuación sea en Jaén o en Madrid. Los ayuntamientos actualmente parecen más preocupados por las actuaciones estelares a gran escala, que evidentemente lucen más, que por investigar en nuevas tipologías de viviendas para proporcionar una mayor calidad de vida; o en nuevas soluciones al tráfico rodado que aporten claves para el crecimiento de la ciudad.

"Lamentablemente las nuevas urbanizaciones han borrado el concepto tradicional de calle. La calle como prolongación de la casa, como lugar de tránsito y, a la vez, de encuentro social donde se producía una relación humana directa."

La participación ciudadana: conflicto entre lo público y lo privado

En el germen de la planificación urbanística es donde habría que dejar intervenir a equipos pluridisciplinares que proporcionen una visión más integral de los problemas actuales. El urbanismo no es sólo un problema técnico, económico o político, es también un problema social, cultural, estético, medioambiental, histórico, y sobre todo, antropológico, pues afecta directamente al vivir humano. Un diagnóstico real del «estado de salud» de una ciudad no se hace sólo con encuestas o estadísticas, o midiendo la contaminación atmosférica que producen los coches, puede y debe ser, el resultado conjunto del análisis y el trabajo de campo de un equipo multidisciplinar que examine la ciudad en toda su complejidad. También la participación ciudadana es valiosa si se sabe encauzar a través de los distintos colectivos sociales y profesionales. El interés por la propia ciudad es un síntoma positivo de madurez ciudadana. Y la comprensión de la ciudad donde uno vive, máxime de las grandes urbes, ayuda a los ciudadanos a sentirse sicológicamente mejor, evitando la fragmentación mental que supone vivir en un entramado urbano de gran complejidad que no se es capaz de entender.

El ciudadano de hoy se enfrenta no sólo a la dificultad que supone entender la complejidad de las ciudades sino a una cierta desorientación o pérdida de la escala humana cuando por ejemplo va a la compra a esos mega espacios comerciales situados a las afueras: una especie de «aeropuertos» de productos y debe descifrar mentalmente la estructura de ese entramado comercial para la compra de los alimentos diarios. A esos espacios se llega en coche. Los niños sujetos al peligro de extravío son alojados momentáneamente en lugares ex profeso, los demás recorren cientos de metros con un carro, a fin de ir recolectando los distintos productos. No es necesario cruzar la palabra, ni la mirada con nadie, está todo escrito, perfectamente marcado..., el final de ese recorrido tiene el mismo carácter secuencial y mecanicista: no hay apenas relación humana.

 

Lamentablemente las nuevas urbanizaciones han borrado el concepto tradicional de calle. La calle como prolongación de la casa, como lugar de tránsito y a la vez de encuentro social donde se producía una relación humana directa. La plaza, el mercado eran espacios propios, lugares que mantenían esa proporción que da la escala humana. Algunas urbanizaciones de hoy dispuestas en manzana cerrada poseen espacios interiores que acogen zonas deportivas o de recreo para los niños, sin embargo son zonas exclusivas, ahí no cabe el forastero, no existe apenas el tránsito que tensa la relación dentro-fuera de las calles.

Este tipo de urbanizaciones, herencia del modelo anglo-sajón de ciudad-jardín, inciden directamente en la privacy y han fomentado una importante separación entre lo público y lo privado. Es un modo de combatir el vandalismo callejero, la inseguridad, la carencia de cultura de muchos ciudadanos que no ven en lo público también algo suyo que hay que conservar, y separan con vallas el espacio privado impidiendo el paso al público. Las vías rodadas en esas urbanizaciones se convierten en recorridos exclusivos para el tránsito de vehículos. Se han creado así comunidades cerradas que inciden en una mayor fragmentación espacial y ahondan en una mayor separación entre los distintos barrios de la ciudad, quedando unidas a la metrópoli exclusivamente mediante las grandes arterias de comunicación.

En definitiva: ¿Qué criterios son los predominantes a la hora de planificar el crecimiento urbano? ¿Quiénes componen los equipos redactores de los planes de ordenación urbanística? ¿Qué presupuesto se destina a la investigación urbanística o a estudios previos a la redacción de los planes? ¿Cómo se fomenta por parte de las administraciones públicas de las grandes urbes la comprensión de la ciudad? ¿Cómo se evita la pérdida de la escala humana en la planificación urbanística?

 

Mantener e inventar la ciudad: centros urbanos y operaciones de transformación

Los gestores de las ciudades deben encarar dos vertientes fundamentales para el desarrollo integral de las urbes: mantener e inventar la ciudad cada día. El mantenimiento de las ciudades es una tarea gigante que implica a un buen número de personas dedicadas a que la vida y el dinamismo de la ciudad no se detengan. La conservación abarca desde cuestiones tan prosaicas como: la limpieza de las calles, el riego y cuidado de parques y zonas verdes, la recogida de basuras, el ordenamiento del tráfico, el alumbrado, etc., hasta: fomentar la vida cultural, deportiva y social; evitar el deterioro ambiental de los centros históricos; controlar la prostitución y la inseguridad ciudadana; mantener y ampliar la red de transportes urbanos; y por supuesto, reforzar los motivos de celebración, organización de fiestas o eventos de relieve.

Conseguir que la ciudad funcione es mucho, pero no es todo, porque inventar la ciudad cada día implica que todas esas tareas de mantenimiento no se conviertan en algo rutinario y sin sentido. Precisamente al ser la ciudad algo vivo y dinámico debe estar continuamente inventándose, buscando nuevas soluciones para los problemas, tanto para los más materiales: el tratamiento de la basura, como para solventar cuestiones más sociales que inciden en la vivencia cotidiana: hoy, por ejemplo, están en el tapete problemas del tipo de alternativas a «la litrona», o el vandalismo callejero.

Inventar la ciudad es principalmente investigar en los criterios que deben tenerse en cuenta en la planificación urbana; prever y adelantarse al crecimiento urbano; conocer el modelo de ciudad al que se dirige la planificación; precisar las estrategias de crecimiento; diagnosticar los males de la ciudad para aplicar la terapia adecuada; proyectar los sueños de la ciudadanía... etc. y; principalmente, favorecer sin un exceso de normativa la diversidad, la variedad de tipos de vivienda, la mezcla de usos del suelo, la descentralización de equipamientos y servicios, la posibilidad de vincular trabajo y vivienda. Y en cualquier caso, no imponer un modo de vida al ciudadano por medio de la planificación urbanística. No es misión del Estado decir cómo hay que vivir, cuántos hijos hay que tener..., etc.

Las operaciones económicas de gran escala como estrategias de transformación de las urbes han tenido diversos resultados. En algunos casos han sido muy positivas cuando han servido para la revitalización o reutilización de espacios abandonados, deteriorados socialmente o con un fuerte impacto medioambiental. En otros casos, la repercusión ha sido negativa, pues han provocado nuevas centralidades con puntos de fuerte atracción ciudadana, y por lo tanto una mayor movilidad y colapso del tráfico rodado.

Los centros históricos de muchas de nuestras ciudades se han visto inmersos en un proceso irreversible de deterioro ambiental y exclusión social, ocasionado en parte por la dificultad de acceso debido a la congestión del tráfico, la falta de medios de transporte eficaces, la escasez de aparcamiento, pero sobre todo, por haberse constituido en la solución de vivienda para colectivos marginales o de inmigrantes que, en algunos casos, no han contribuido sino a empobrecer las condiciones económicas, favorecer la inseguridad y la decadencia de la vida social del entorno. La revitalización de esos barrios requiere por parte de las administraciones locales una fuerte dosis de imaginación, incentivos económicos, favorecer la rehabilitación de los inmuebles, estudiar la inserción en condiciones humanas de los inmigrantes y resolver la comunicación con el resto de barrios para evitar que se conviertan en espacios-refugio o espacios-burbuja de la ciudad. La promoción de viviendas en alquiler podría significar un avance para solventar el problema de residencia de la población inmigrante, que no cabe duda que ha supuesto una valiosa aportación al mundo laboral.

La ciudad de Boston, USA

Ciudades sostenibles: utopía o determinación

El sueño del hombre se ha visto siempre empañado por la dificultad que entraña compaginar las cualidades del espacio natural con la organización social y económica de las ciudades. Nuevas utopías se entrecruzan en el tiempo con otras ya abandonadas. En todas bulle ese deseo por compensar las deficiencias de lo construido por el hombre con la creación brillante de la naturaleza. Los dos modelos de ciudad de los que partíamos han querido ser integrantes de ese modo de vida. Hoy convergemos hacia las ciudades sostenibles, un nuevo camino en favor del hombre como verdadero protagonista de las urbes, en oposición al predominio de competitividad y la amenaza de una vida degradada por un mal entendido progreso, que hace confundir el bienestar con la tenencia de medios materiales. El desarrollo y el despliegue de la propia personalidad es lo que puede proporcionar al ciudadano una auténtica calidad de vida. Las ciudades actuales activan en el hombre, junto a unas mayores posibilidades y mejoras incuestionables, una serie de condicionamientos indeseables que le empequeñecen, atemorizan y desorientan. La preocupación principal de los que planifican la ciudad debe centrarse en buscar remedios para orientar, desplegar y ennoblecer siempre al ciudadano.

No cabe duda de que la sensibilización medio ambiental y la utilización de energías renovables (energía solar, hidroeléctrica, eólica, hidráulica ―derivada de la evaporación del agua―, y la procedente de la biomasa, que se genera a partir del tratamiento de la materia orgánica) pueden ayudar al objetivo de humanizar las urbes. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, que tuvo lugar en Río de Janeiro (Brasil) en 1992 propuso como meta de más largo alcance un desarrollo sostenible del territorio. A través de la elaboración de la Agenda 21 Local se abre un nuevo panorama para conseguir que nuestras urbes lleguen a ser realmente sostenibles. Tanto la planificación de las ciudades como la sostenibilidad reclaman una amplia colaboración entre todos los agentes, públicos y privados, con incidencia en el territorio y en las urbes. Sólo con la implicación y el acuerdo de todos los que intervienen en el desarrollo del territorio y la planificación del suelo se pueden obtener resultados satisfactorios para que las personas, habitantes de nuestras ciudades, sean los verdaderos protagonistas.